La sociedad smartphone

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PEPE BRETONS/SÒNIA PERALTA/KELLY VALENCIA/SANDRA VICENTE

Adictos, nomofóbicos, escépticos o los que no son ni un extremo u otro, son algunos de los perfiles que podemos observar cuando hablamos de la dependencia que tenemos en la actualidad de la tecnología, y en concreto de nuestros smartphones o teléfonos móviles inteligentes.

España es, según varios estudios, el país líder en Europa en cuanto a penetración de smarthones. En concreto, el 81% de los móviles en la península son inteligentes. Esto deja casi el 20% sin conexión a Internet, y aunque la mayoría de éstos pertenezcan a grupos de edad mayores de 50 años, aún hay jóvenes reticentes a la era de los datos. Es el caso de Edgar Pérez, un estudiante de informática que tiene un móvil desde hace 7 años, con teclado numérico y sin conexión a Internet. Dice que tiene varios motivos por los que no quiere comprarse un móvil nuevo, y, entre ellos, está el hecho de no querer dar datos suyos para el beneficio de grandes compañías. Quiere y cuida su privacidad. “Sé que probablemente no les interese lo que hago, pero no quiero que trafiquen con mis datos y los sepan todo de mí, cada movimiento, mis gustos…”

En su vida social, sin embargo, le puede pasar factura. Cuando uno está dentro de un círculo de amistades en el que todos se comunican por Whatsapp o por redes sociales, se pierden cosas. “Pero si quieren quedar conmigo, me mandan un SMS. Supongo que por el grupo de Whatsapp hablan de que alguien me tiene que avisar”. En otras situaciones, no es tan fácil. “Sobre todo en la universidad, cuando conoces a alguien y te pide el número para hablar por Whatsapp y le tienes que explicar que no tienes y que te mande un correo si necesita comunicarse contigo, pues les parece raro. Pero hasta ahora no he tenido ningún problema”.  Edgar está convencido de que las relaciones con la gente son peores con la tecnología como medio y prefiere el cara a cara. “La socialización de la gente no tiene por qué ser en las redes. No hacen falta cosas digitales para que lo analógico fluya”. Su opinión, sin embargo, no se muestra en los más jóvenes. Un estudio reciente del Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud llega a la conclusión que si un joven no está activo en las redes sociales corre el riesgo de quedar excluido y marginado de su grupo de amigos que se gestiona a partir de la tecnología. Esto pasa, por ejemplo, en grupos de Whatsapp. La tecnología lo hace todo más agravante, ya que la misma situación se da cuando un grupo de clase rechaza a un alumno y no lo incluye en el grupo “de la vida real”.

Puede parecer paradójico que una persona que está estudiando informática y que se dedica a hacer aplicaciones no tenga un móvil inteligente. “Paso delante del ordenador hasta 10 horas diarias, no quiero pasarme otras 10 delante de una más pequeña”, afirma Edgar.

Edgar Pérez // Sònia Peralta
Edgar Pérez utilizando su móvil sin conexión a Internet // Sònia Peralta

Cada vez se habla menos de la huella ecológica que los móviles producen, y no sólo eso, sino que normalmente llevan consigo sangre del Congo en las baterías fruto del coltán, un mineral que posee el país africano en grandes cantidades (el 80% de las reservas de la Tierra). El consumismo ha llegado a tales extremos que las compañías hacen de sus “nuevos” productos una estrategia de márqueting para subir sus ventas, ya que en realidad, un número más alto en el nombre del gadget no significa que cambie mucha cosa. Pero el márqueting se encarga de hacerlo muy atractivo para el comprador, y así renovar su móvil con el último modelo cuando el que tenía funcionaba perfectamente. “Yo cambiaré de móvil cuando el que tengo me deje de funcionar”, dice Edgar, “no entiendo la necesidad que tiene la gente en tener el último modelo de todo”. Aquí, el mercado del consumo tiene mucho que decir y pasa por encima de las guerras que puede ocasionar el coltán o los montones de electrodomésticos que yacen en Ghana y que podrían ser perfectamente utilitzados antes de que se pudrieran.

Sin embargo, una de las grandes razones de Edgar Pérez para no pasarse del smartphone es el miedo al vicio. “Yo creo que si empiezo a jugar o a mirar redes sociales me engancharé. Ahora juego de vez en cuando con el móvil de mi madre, por ejemplo, pero creo que no me vicio porque sé que se lo tiene que llevar. Si tuviera uno para mí mismo perdería el tiempo con chorradas”.

Nomofobia y otras adicciones

Según un estudio publicado por el diario ABC el 77% de las personas que tienen un teléfono inteligente padecen nomofobia, o lo que es lo mismo, miedo y ansiedad al no poder consultarlo cada vez que les apetezca y el 21,3 % de los jóvenes españoles están “enganchados” a Internet lo que nos sitúa  a la cabeza de la acción a Internet frente a la media europea que se sitúa en torno al 12,7%.

Clara Tor, estudiante universitaria de 19 años de edad, confiesa padecer nomofobia en algunas ocasiones. Cuenta que una vez, de camino a la universidad, se le olvidó el móvil en casa y durante todo el trayecto en tren sintió una sensación de angustia y miedo por habérselo olvidado, explica que estaba preocupada porque sus padres no la podrían localizar y porque si sus amigas le decían algo importante no iba a poder responderles. Dice que esto le sucede en ocasiones pero que muchos de sus amigos manifiestan abiertamente que sin su smartphone no podrían vivir; aunque esto a ella le parece un tanto exagerado.

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Clara Tor consultando sus redes sociales a través del smartphone // Sandra Vicente

El estudio publicado por ABC también alerta de que la dependencia excesiva hacia el teléfono móvil puede hacer que descuidemos nuestras tareas cotidianas y puede afectar negativamente a nuestras relaciones con los demás. Clara explica que en numerosas ocasiones mientras se encuentra preparando un examen piensa en si habrá recibido alguna nueva notificación y coge su teléfono móvil para averiguarlo. Dice que es consciente de que se trata de un mal hábito y le gustaría ponerle solución porque sabe que puede perjudicar su desempeño académico.

También nos cuenta que considera las relaciones sociales se están degradando debido a esta dependencia hacia los teléfonos móviles y que en reiteradas ocasiones puede estar hablando con sus amigos a través  de WhatsApp durante horas, pero cuando se encuentran cara a cara para conversar cada uno está un lado de la mesa inmerso en la realidad virtual de su teléfono móvil y eso le desagrada profundamente.

Según explica la psicóloga clínica y experta en ansiedad, Anna Perelló, de Psigma a través del periódico La Vanguardia, además de la nomofobia existen otros problemas relacionados con la dependencia, tal es el caso del “whatsapitis”, el uso constante de la aplicación WhatsApp; “phubbing”, la utilización enfermiza del smartphone  y la “fomo”, que procede la expresión en inglés “Fear of Missing out”, que quiere decir miedo a estar desconectado.

Un buen comienzo para detectar la adicción hacia los teléfonos inteligentes es la que proponen Marc Masip, psicólogo experto en adicción  a la tecnología y director de @Desconectados, un programa psicoeducativo que persigue conseguir un uso responsable de la tecnología entre la población española y Nacho Giner, director de iBoo Mobile  Ellos son los creadores de “Face Up”, una aplicación que tiene el objetivo de frenar  el “enganche” hacia Internet entre la población española y ponerle fin a la nomofobia, según explican en La Vanguardia . La aplicación funciona de la siguiente manera: una vez el usuario se la ha descargado realiza un test que medirá el nivel de adicción hacia su smartphone y posteriormente le ofrecerá una serie de consejos y herramientas para reducir la dependencia hasta lograra eliminarla.

Puede resultar paradójico que se intente acabar con la nomofobia a través de una aplicación para el teléfono móvil pero Marc y Nacho explican que si el problema se encuentra en el smartphone hay que usarlo para acabar con el problema actuando desde el interior.

 

La tecnología en el día a día

Los teléfonos han revolucionado la sociedad en los últimos años. Además de la comunicación por parte de los medios y empresas, la comunicación por parte de particulares ha cambiado completamente. Hace apenas diez años, para decir dónde estábamos o a dónde nos íbamos de vacaciones era necesario un papel, un bolígrafo y un sello. Más adelante, estos elementos dejaron paso a los correos electrónicos y ahora, en el 2015, un simple teléfono de no más de 200 gramos de peso nos permite realizar todo esto y mucho más: redes sociales, aplicaciones de fotografía, o juegos on-line son muchas de las acciones que podemos hacer con ellos.

Para Miguel, el teléfono móvil es mucho más que un aparato para llamar y enviar mensajes. Es el responsable de comunicación de un club juvenil y lo utiliza a diario, principalmente, para informar a los seguidores de los planes que hacen.

“La verdad es que todo ha cambiado mucho. La tecnología, si se sabe utilizar, facilita mucho las cosas” responde al preguntarle por los avances tecnológicos. “Antes había que hacer folletos e imprimirlos o enviarlos por correo electrónico para informar de las actividades que hacíamos. Ahora todo es más fácil”. Un ejemplo que pone es que ahora, con un smartphone con acceso a Internet, te permite subir a las redes sociales fotos de la actividad que estás haciendo al instante. “Instagram, Facebook, Snapchat… Hace unos años tenías que buscar un ordenador al que conectar la cámara, trasladar las imágenes y, si el ordenador estaba conectado a Internet, podías subirlas a la página web. En cambio, actualmente podemos decir al instante dónde estamos y con quién”.

“Aunque mi trabajo depende del teléfono móvil, intento no estar pegado al móvil porque no me gusta el uso que se le está dando. Por mucho que me envíen mensajes, los contestaré cuando pueda, no cuando lo reciba. La tecnología es una excelente herramienta de comunicación instantánea pero hay que saber en qué ocasiones no tiene que serlo”. También reconoce que en momentos puntuales se ‘engancha’ al móvil porque espera alguna llamada, un correo electrónico o está siguiendo el fútbol a través de alguna aplicación.

Él no se considera adicto a la tecnología y a los móviles. “A lo largo del día pienso qué voy a subir a las redes sociales y cómo lo voy a hacer. De esta manera, cuando voy a publicar algo es mucho más rápido. Cuando acabo, apago la tableta y dejo el teléfono”. Este sistema es todo lo contrario al de los jóvenes, que pasan horas y horas delante de una pantalla retocando imágenes para subir a Instagram y actualizando Facebook para ver qué hacen sus amigos. Opina que “los móviles no son ni buenos ni perjudiciales, es el uso que hacemos de ellos lo que los hace buenos o malos”.

Respecto al tema de la adicción, cree que deberían existir más ayudas para los jóvenes. “A los adultos, el boom tecnológico nos ha cogido cuando éramos ya personas maduras y, por lo general, sabemos utilizar correctamente el móvil sin llegar a generar una excesiva dependencia. Por otro lado, a los jóvenes hay que educarles para que aprendan a usarlos”

Siempre hablamos de que la tecnología se ha metido de lleno en nuestras vidas diarias, en nuestras rutinas y nuestro modo de vida, y lo podemos notar en la nueva manera de ejercitarnos. Ya en su momento se inventaron los DVDs para las madres que quería hacer ejercicio sin abandonar el domicilio, después llegó Youtube con millones de vídeos sobre rutinas diarias y ejercicios específicos y ahora estamos en la era de las aplicaciones y dar un pasito más, tener nuestro propio entrenador personal en el móvil. Una cosa más que sumamos a los smartphone de muchos de los españoles y europeos de nuestra actualidad.

El smartphone, tu entrenador personal

Nomofóbicos y otros que ni siquiera tienen un smartphone son los dos lados completamente opuestos si hablamos de tecnología; pero también existen aquellos que son grises, aquellos que creen que la tecnología y sobretodo, puesta practica en los smartphones, tiene su parte buena y su parte no tan buena. En este caso Pedro Victoriano, recién iniciado en el mundo de las aplicaciones de deporte, cree que el smartphone sirve para mucho más que estar conectados a WhatsApp o al Twitter, puede ser una gran ayuda para aquellos que no pueden entrenar o ponerse en forma por falta de tiempo o dinero: “actualmente no tenemos ni el tiempo ni el dinero para hacer nuestras actividades  deportivas diarias, por eso creo que la aplicación es mucho más rentable y el hecho de poder ir a un parque o en casa mismo y realizar un plan estándar durante unos 15 minutos, lo hace todo mucho más fácil”.

Y es que las aplicaciones para hacer ejercicio con nuestros smartphones están cada vez más extendidas entre los españoles y los europeos, sustituyendo incluso los gimnasios. Esta es uno de los buenos usos que podríamos otorgar a nuestros móviles; el funcionamiento de estas aplicaciones es muy sencillo y trabaja con los datos de peso, altura e incluso alimentos que ingieras en tu día a día. De esta manera hacen un plan personalizado para cada necesidad dándote incluso una dieta que seguir, y un plan de ejercicios con un tiempo y unos objetivos determinados durante un tiempo concreto si así lo deseases.

Pedro Victoriano // Kelly Valencia
Pedro Victoriano realizando ejercicio con su smartphone // Kelly Valencia

“Resulta irónico que algo que se supone que te hace bien, te está haciendo, al mismo tiempo, más dependiente de la tecnología. Estamos cambiando las personas por máquinas y eso algún día pasará factura. Y es que aunque tener un entrenador personal sea un lujo para muchas personas, una app nunca será mejor que él”. Así respalda Pedro su respuesta cuando le pregunto si se siente adicto a la tecnología. Sin embargo admite que hay muchas cosas que anteriormente no podía hacer o le tomaban más tiempo que ahora puede hacer des de su móvil, como las transferencias bancarias, leer libros sin tener que cargar con el peso  o tener los mapas de tu viaje con una voz que te lo dice sin tener que preocuparte de si estás mirando el mapa de papel al derecho o al reves etc.

Y es que según un reportaje de la BBC Mundo existen más de 30.000 apps para estar en forma disponibles, tanto para los dispositivos con sistema operativo iOS (Apple) como para Android, ofreciendo una gran variedad de oportunidades para cada una de las necesidades de las personas. Y es que es la mejor manera para aquellas personas que no pueden pagarse un personal trainer o un gimnasio: así ya no basta solo con dar unas cuantas vueltas al parque, sino que ahora puedes registrarlo en la nube de datos y compartirlo con personas que están haciendo exactamente lo mismo que tú.

Pedro nos cueta que por ahora son sólo tres de sus amigos quienes realizan esta practica, pero está seguro que muy pronto se extenderá por muchos de los españoles debido a sus caracteristicas tan positivas: “Tengo un par de amigos que están utilitzando apps de entrenamiento, pero estoy seguro que esto aumentará muy rápido, como ya lo es en otros países de la unión europea y estados unidos, precisamente por lo que he comentado antes de la economía y el tiempo”. Según un análisis realizado por el sitio web  especializado en aplicaciones Flurry, entre diciembre de 2013 y junio de 2014 se registró un crecimiento de un 62% en el uso de aplicaciones dedicadas a la salud y el ejercicio, cifra que supera claramente el 33% de aplicaciones en general.

No es bueno que dependamos tanto de la tecnología, pero tampoco es completamente negro, si lo sabemos utilizar sabiamente puede llegar a ser un herramienta perfecta para nuestras vidas. “No puede ser que incluso hayan habido muertes o accidentes de tráfico por esa misma necesidad de mirar el móvil, hemos de evitar llegar a tal punto; pero también debemos recordar todas las ventajas que nos aportan”.

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 Enlaces para profundizar en el tema Nomofobia: la enfermedad que quizás padece y no lo sabe Adicción al móvil: la enfermedad del siglo XXI Dependencia 2.0: ¿Cuantas veces mirastu móvil al día? Cuando la tecnología se entromete en las relaciones sociales La minoría oprimida de los sin-móvil

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